INSTITUTO UNIVERSITARIO DE CALDAS
FILOSOFÍA. GRADO DÉCIMO. 2020
GUÍA 1
QUE ES LA FILOSOFÍA. ?
TOMADO DEL LIBRO. EL MUNDO DE SOFIA. del escritor noruego Jostein Gaarder
RESPONDER EN EL CUADERNO LAS PREGUNTAS QUE
ESTÁN AL FINAL DE LA LECTURA
NOTA: QUE LA RESPUESTA INCLUYA LA PREGUNTA
Querida Sofía. Muchas personas tienen distintos hobbies. Unas
coleccionan monedas antiguas o sellos, a otras les gustan las labores, y otras
emplean la mayor parte de su tiempo libre en la práctica de algún deporte. A
muchas les gusta también la lectura. Pero lo que leemos es muy variado. Unos
leen sólo periódicos o cómics, a algunos les gustan las novelas, y otros
prefieren libros sobre distintos temas, tales como la astronomía, la fauna o
los inventos tecnológicos. Aunque a mí me interesen los caballos o las piedras
preciosas, no puedo exigir que todos los demás tengan los mismos intereses que
yo. Si sigo con gran interés todas las emisiones deportivas en la televisión,
tengo que tolerar que otros opinen que el deporte es aburrido ¿Hay, no
obstante, algo que debería interesar a todo el mundo? ¿Existe algo que
concierna a todos los seres humanos, independientemente de quiénes sean o de en
qué parte del mundo vivan? Sí, querida Sofía, hay algunas cuestiones que
deberían interesar a todo el mundo. Sobre esas cuestiones trata este curso.
¿Qué es lo más importante en la vida? Si preguntamos a una persona que se
encuentra en el límite del hambre, la respuesta será comida. Si dirigimos la
misma pregunta a alguien que tiene frío, la respuesta será calor. Y si
preguntamos a una persona que se siente sola, la respuesta seguramente será
estar con otras personas. Pero con todas esas necesidades cubiertas, ¿hay
todavía algo que todo el mundo necesite? Los filósofos opinan que sí. Opinan
que el ser humano no vive sólo de pan. Es evidente que todo el mundo necesita
comer. Todo el mundo necesita también amor y cuidados. Pero aún hay algo más
que todo el mundo necesita. Necesitamos encontrar una respuesta a quién somos y
por qué vivimos. Interesarse por el por qué vivimos no es, por lo tanto, un
interés tan fortuito o tan casual como, por ejemplo, coleccionar sellos. Quien
se interesa por cuestiones de ese tipo está preocupado por algo que ha
interesado a los seres humanos desde que viven en este planeta. El cómo ha
nacido el universo, el planeta y la vida aquí, son preguntas más grandes y más
importantes que quién ganó más medallas de oro en los últimos juegos olímpicos
de invierno. La mejor manera de aproximarse a la filosofía es plantear algunas
preguntas filosóficas: ¿Cómo se creó el mundo? ¿Existe alguna voluntad o
intención detrás de lo que sucede? ¿Hay otra vida después de la muerte? ¿Cómo
podemos solucionar problemas de ese tipo? Y, ante todo: ¿cómo debemos vivir? En
todas las épocas, los seres humanos se han hecho preguntas de este tipo. No se
conoce ninguna cultura que no se haya preocupado por saber quiénes son los
seres humanos y de dónde procede el mundo. En realidad, no son tantas las
preguntas filosóficas que podemos hacernos. Ya hemos formulado algunas de las
más importantes. No obstante, la historia nos muestra muchas respuestas
diferentes a cada una de las preguntas que nos hemos hecho. Vemos, pues, que
resulta más fácil hacerse preguntas filosóficas que contestarlas. También hoy
en día cada uno tiene que buscar sus propias respuestas a esas mismas
preguntas. No se puede consultar una enciclopedia para ver si existe Dios o si
hay otra vida después de la muerte. La enciclopedia tampoco nos proporciona una
respuesta a cómo debemos vivir. No obstante, a la hora de
formar nuestra propia opinión sobre la vida, puede resultar de
gran ayuda leer lo que otros han pensado. La búsqueda de la verdad que
emprenden los filósofos podría compararse, quizás, con una historia policíaca.
Unos opinan que Andersen es el asesino, otros creen que es Nielsen o Jepsen.
Cuando se trata de un verdadero misterio policíaco, puede que la policía llegue
a descubrirlo algún día. Por otra parte, también puede ocurrir que nunca
lleguen a desvelar el misterio. No obstante, el misterio sí tiene una solución.
Aunque una pregunta resulte difícil de contestar puede, sin embargo, pensarse
que tiene una, y sólo una respuesta correcta. O existe una especie de vida
después de la muerte, o no existe. A través de los tiempos, la ciencia ha
solucionado muchos antiguos enigmas. Hace mucho era un gran misterio saber cómo
era la otra cara de la luna. Cuestiones como ésas eran difícilmente
discutibles; la respuesta dependía de la imaginación de cada uno. Pero, hoy en
día, sabemos con exactitud cómo es la otra cara de la luna. Ya no se puede
«creer que hay un hombre en la luna, o que la luna es un queso. Uno de los
viejos filósofos griegos que vivió hace más de dos mil años pensaba que la
filosofía surgió debido al asombro de los seres humanos. Al ser humano le
parece tan extraño existir que las
preguntas filosóficas surgen por sí solas, opinaba él. Es como cuando
contemplamos juegos de magia: no entendemos cómo puede haber ocurrido lo que
hemos visto. Y entonces nos preguntamos justamente eso: ¿cómo ha podido
convertir el prestidigitador un par de pañuelos de seda blanca en un conejo
vivo? A muchas personas, el mundo les resulta tan inconcebible como cuando el
prestidigitador saca un conejo de ese sombrero de copa que hace un momento
estaba completamente vacío. En cuanto al conejo, entendemos que el
prestidigitador tiene que habernos engañado. Lo que nos gustaría desvelar es
cómo ha conseguido engañarnos. Tratándose del mundo, todo es un poco diferente.
Sabemos que
el mundo no es trampa ni engaño, pues nosotros mismos andamos por la Tierra formando una parte
del mismo. En realidad, nosotros somos el conejo blanco que se saca del
sombrero de copa. La diferencia entre nosotros y el conejo blanco es
simplemente que el conejo no tiene sensación de participar en un juego de
magia. Nosotros somos distintos. Pensamos que participamos en algo misterioso y
nos gustaría desvelar ese misterio. P. D. En cuanto al conejo blanco, quizás
convenga compararlo con el universo entero. Los que vivimos aquí somos unos
bichos minúsculos que vivimos muy dentro de la piel del conejo. Pero los
filósofos intentan subirse por encima de uno de esos fines pelillos para mirar
a los ojos al gran prestidigitador. ¿Me sigues, Sofía? Continúa. Sofía estaba
agotada. ¿Si le seguía? No recordaba haber respirado durante toda la lectura.
¿Quién había traído la carta? ¿Quién, quién? No podía ser la misma persona que
había enviado la postal a Hilde Møller Knag, pues la postal llevaba sello y
matasellos. El sobre amarillo había sido metido directamente en el buzón, igual
que los dos sobres blancos. Sofía miró el reloj. Sólo eran las tres menos
cuarto. Faltaban casi dos horas para que su madre volviera del trabajo. Sofía
salió de nuevo al jardín y se fue corriendo hacia el buzón. ¿Y si había algo
más? Encontró otro sobre amarillo con su nombre. Miró a su alrededor, pero no
vio a nadie. Se fue corriendo hacia donde empezaba el bosque y miró fijamente
al sendero. Tampoco ahí se veía un alma. De repente, le pareció oír el crujido
de alguna rama en el interior del bosque. No estaba totalmente segura, sería
imposible, de todos modos, correr detrás si alguien intentaba escapar. Sofía se
metió en casa de nuevo y dejó la mochila y el correo para su madre. Subió
deprisa a su habitación, sacó la caja grande donde guardaba las piedras
bonitas, las echó al suelo y metió los dos sobres grandes en la caja. Luego
volvió al jardín con la caja en los brazos. Antes de irse, sacó comida para
Sherekan.
De vuelta en el Callejón, abrió el sobre y sacó varias nuevas
hojas escritas a maquina. Empezó a leer. Un ser extraño Aquí estoy de nuevo.
Como ves, este curso de filosofía llegará en pequeñas dosis. He aquí unos
comentarios más de introducción. ¿Dije ya que lo único que necesitamos para ser
buenos filósofos es la capacidad de asombro? Si no lo dije, lo digo ahora: LO ÚNICO QUE NECESITAMOS PARA SER BUENOS
FILÓSOFOS ES LA CAPACIDAD
DE ASOMBRO.
Todos los niños pequeños tienen esa capacidad. No faltaría más.
Tras unos cuantos meses, salen a una realidad totalmente nueva. Pero conforme
van creciendo, esa capacidad de asombro parece ir disminuyendo. ¿A qué se debe?
¿Conoce Sofía Amundsen la respuesta a esta pregunta? Veamos: si un recién
nacido pudiera hablar, seguramente diría algo de ese extraño mundo al que ha
llegado. Porque, aunque el niño no sabe hablar, vemos cómo señala las cosas de
su alrededor y cómo intenta agarrar con curiosidad las cosas de la habitación.
Cuando empieza a hablar, el niño se para y grita «guau, guau» cada vez que ve
un perro. Vemos cómo da saltos en su cochecito,
agitando los brazos y gritando «guau, guau, guau, guau». Los que
ya tenemos algunos años a lo mejor nos sentimos un poco agobiados por el
entusiasmo del niño. «Sí, sí, es un guau, guau», decimos, muy conocedores del
mundo, «tienes que estarte quietecito en el coche». No sentimos el mismo
entusiasmo. Hemos visto perros antes. Quizás se repita este episodio de gran
entusiasmo unas doscientas veces, antes de que el niño pueda ver pasar un perro
sin perder los estribos. O un elefante o un hipopótamo. Pero antes de que el
niño haya aprendido a hablar bien, y mucho antes de que aprenda a pensar
filosóficamente, el mundo se ha convertido para él en algo habitual.
¡Una pena, digo yo! Lo que
a mí me preocupa es que tú seas de los que toman el mundo como algo asentado,
querida Sofía. Para asegurarnos, vamos a hacer un par de experimentos mentales,
antes de iniciar el curso de filosofía propiamente. Imagínate que un día estás
de paseo por el bosque. De pronto descubres una pequeña nave espacial en el
sendero delante de ti. De la nave espacial sale un pequeño marciano que se
queda parado, mirándote fríamente. ¿Qué habrías pensado tú en un caso así?
Bueno, eso no importa, ¿pero se te ha ocurrido alguna vez pensar que tu misma
eres una marciana? Es cierto que no es muy probable que te vayas a topar con un
ser de otro planeta. Ni siquiera sabemos si hay vida en otros planetas. Pero
puede ocurrir que te topes contigo misma. Puede que de pronto un día te
detengas, y te veas de una manera completamente nueva. Quizás ocurra
precisamente durante un paseo por el bosque. Soy un ser extraño, pensarás. Soy
un animal misterioso. Es como si te despertaras de un larguísimo sueño, como la
Bella Durmiente. ¿Quién soy?, te preguntarás. Sabes que gateas por un planeta
en el universo. ¿Pero qué es el universo? Si llegas a descubrirte a ti misma de
ese modo, habrás descubierto algo igual de misterioso que aquel marciano que
mencionamos hace un momento. No sólo has visto un ser del espacio, sino que
sientes desde dentro que tú misma eres un ser tan misterioso como aquél. ¿Me
sigues todavía, Sofía? Hagamos otro experimento mental. Una mañana, la madre,
el padre y el pequeño Tomas, de dos o tres años, están sentados en la cocina
desayunando. La madre se levanta de la mesa y va hacia la encimera, y entonces
el padre empieza, de repente, a flotar bajo el techo, mientras Tomás se le
queda mirando. ¿Qué crees que dice Tomas en ese momento?
Quizás señale a su papá y diga: «¡Papá está flotando!». Tomas se
sorprendería, naturalmente, pero se sorprende muy a menudo. Papá hace tantas
cosas curiosas que un pequeño vuelo por encima de la mesa del desayuno no
cambia mucho las cosas para Tomás. Su papá se afeita cada día con una extraña
maquinilla, otras veces trepa hasta el tejado para girar la antena de la tele,
o mete la cabeza en el motor de un coche y la saca negra. Ahora le toca a mamá.
Ha oído lo que acaba de decir Tomás y se vuelve decididamente. ¿Cómo
reaccionará ella ante el espectáculo del padre volando libremente por encima de
la mesa de la cocina? Se le cae instantáneamente el frasco de mermelada al
suelo y grita de espanto. Puede que necesite tratamiento médico cuando papá
haya descendido nuevamente a su silla. (¡Debería saber que hay que estar
sentado cuando se desayuna!) ¿Por qué crees que son tan distintas las
reacciones de Tomás y las de su madre? Tiene que ver con el hábito. (¡Toma nota
de esto!) La madre ha aprendido que los seres humanos no saben volar. Tomás no
lo ha aprendido. El sigue dudando de lo que se puede y no se puede hacer en
este mundo. ¿Pero y el propio mundo, Sofía? ¿Crees que este mundo puede flotar?
¿También este mundo está volando libremente? Lo triste es que no sólo nos
habituamos a la ley de la gravedad conforme vamos haciéndonos mayores. Al mismo
tiempo, nos habituamos al mundo tal y como es. Es como si durante el
crecimiento perdiéramos la capacidad de dejarnos sorprender por el mundo. En
ese caso, perdemos algo esencial, algo que los filósofos intentan volver a
despertar en nosotros. Porque hay algo dentro de nosotros mismos que nos dice
que la vida en sí es un gran enigma. Es algo que hemos sentido incluso mucho
antes de aprender a pensarlo. Puntualizo: aunque las cuestiones filosóficas
conciernen a todo el mundo, no todo el mundo se convierte en filósofo. Por
diversas razones, la mayoría se aferra tanto a lo Cotidiano que el propio
asombro por la vida queda relegado a un segundo plano. (Se adentran en la piel
del conejo, se acomodan y se quedan allí para el resto de su vida.) Para los
niños, el mundo –y todo lo que hay en él- es algo nuevo, algo que provoca su
asombro. No es así para todos los adultos. La mayor parte de los adultos ve el
mundo como algo muy normal. Precisamente en este punto los filósofos
constituyen una honrosa excepción. Un filósofo jamás ha sabido habituarse del todo
al mundo. Para él o ella, el mundo sigue siendo algo desmesurado, incluso algo
enigmático y misterioso. Por lo tanto, los filósofos y los niños pequeños
tienen en común esa importante capacidad. Se podría decir que un filósofo sigue
siendo tan susceptible como un niño pequeño durante toda la vida. De modo que
puedes elegir, querida Sofía. ¿Eres una niña pequeña que aún no ha llegado a
ser la perfecta conocedora del mundo? ¿O eres una filósofa que puede jurar que
jamás lo llegará a conocer? Si simplemente niegas con la cabeza y no te
reconoces ni en el niño ni en el filósofo, es porque tú también te has
habituado tanto al mundo que te ha dejado de asombrar. En ese caso corres peligro.
Por esa razón recibes este curso de filosofía, es decir, para asegurarnos. No
quiero que tú justamente estés entre los indolentes e indiferentes. Quiero que
vivas una vida despierta. Recibirás el curso totalmente gratis. Por eso no se
te devolverá ningún dinero si no lo terminas. No obstante, si quieres interrumpirlo,
tienes todo tu derecho a hacerlo. En ese caso, tendrás que dejarme una señal en
el buzón. Una rana viva estaría bien. Tiene que ser algo verde también; de lo
contrario, el cartero se asustaría demasiado. Un breve resumen: se puede sacar
un conejo blanco de un sombrero de copa vacío. Dado que se trata de un conejo
muy grande, este truco dura muchos miles de millones de años. En el extremo de
los finos pelillos de su piel nacen todas las criaturas humanas. De esa manera
son capaces de asombrarse por el imposible arte de la magia. Pero conforme se
van haciendo
mayores, se adentran cada vez más en la piel del conejo, y allí se
quedan. Están tan a gusto y tan cómodos que no se atreven a volver a los finos
pelillos de la piel. Solo los filósofos emprenden ese peligroso viaje hacia los
límites extremos del idioma y de la existencia. Algunos de ellos se quedan en
el camino, pero otros se agarran fuertemente a los pelillos de la piel del
conejo y gritan a todos los seres sentados cómodamente muy dentro de la suave
piel del conejo, comiendo y bebiendo estupendamente: –Damas y caballeros
–dicen–. Flotamos en el vacío. Pero esos seres de dentro de la piel no escuchan
a los filósofos. –¡Ah, qué pesados! –dicen. Y continúan charlando como antes: –Dame
la mantequilla. ¿Cómo va la bolsa hoy? ¿A cómo están los tomates? ¿Has oído que
Lady Di espera otro hijo? Cuando la madre de Sofía volvió a casa más tarde,
Sofía se
encontraba en un estado de shock. La caja con las cartas del
misterioso filósofo se encontraba bien guardadas en el Callejón. Sofía había
intentado empezar a hacer sus deberes, por lo que se quedó pensando y meditando
sobre lo que había leído. ¡Había tantas cosas en las que nunca había pensado
antes! Ya no era una niña, pero tampoco era del todo adulta. Sofía entendió que
ya había empezado a adentrarse en la espesa piel de ese conejo que se había
sacado del negro sombrero de copa del universo. Pero el filósofo la había
detenido. –El, –¿o sería ella?– la había agarrado fuertemente y la había sacado
hasta el pelillo de la piel donde había jugado cuando era niña. Y ahí, en el
extremo del pelillo, había vuelto a ver el mundo como si lo viera por primera
vez.
El filósofo la había rescatado; de eso no cabía duda. El desconocido
remitente de cartas la había salvado de la indiferencia de la vida cotidiana. Cuando
su madre llegó a casa, sobre las cinco de la tarde, Sofía la llevó al salón y
la obligó a sentarse en un sillón. –¿Mama, no te parece extraño vivir? –empezó.
La madre se quedó tan aturdida que no supo qué contestar. Sofía solía estar
haciendo los deberes cuando ella volvía del trabajo. –Bueno –dijo. A veces sí. –¿A
veces? Lo que quiero decir es si no te parece extraño que exista un mundo. –Pero,
Sofía, no debes hablar así. –¿Por qué no? ¿Entonces, acaso te parece el mundo
algo completamente normal? –Pues claro que lo es. Por regla general, al menos. Sofía
entendió que el filósofo tenía razón. Para los adultos, el mundo era algo
asentado. Se habían metido de una vez por todas en el sueño cotidiano de la Bella Durmiente. –¡Bah!
Simplemente estás tan habituada al mundo que te ha dejado de asombrar –dijo. –¿Qué
dices? –Digo que estás demasiado habituada al mundo. Completamente atrofiada,
vamos. –Sofía, no te permito que me hables así. –Entonces, lo diré de otra
manera. Te has acomodado bien dentro de la piel de ese conejo que acaba de ser
sacado del negro sombrero de copa del universo. Y ahora pondrás las patatas a cocer,
y luego leerás el periódico, y después de media hora de siesta verás el
telediario. El rostro de la madre adquirió un aire de preocupación. Como estaba
previsto, se fue a la cocina a poner las patatas a hervir. Al cabo de un rato,
volvió a la sala de estar y ahora fue ella la que empujó a Sofía hacia un
sillón. –Tengo que hablar contigo sobre un asunto –empezó a decir. Por el tono
de su voz, Sofía entendió que se trataba de algo serio. –¿No te habrás metido
en algo de drogas, hija mía? Sofía se echó a reír, pero entendió por que esta
pregunta había surgido exactamente en esta situación. –¡Esta
loca! –dijo. Las drogas te atrofian aún más. Y no se dijo nada más aquella
tarde, ni sobre drogas, ni sobre el conejo blanco.
RESPONDER
LAS SIGUIENTES PREGUNTAS:
1-.QUE ES LO QUE SE NECESITA PARA SER UN BUEN FILOSOFO
2. CUALES SON LAS PREGUNTAS CLAVES PARA QUE EL HOMBRE SE ENCAMINE POR
4. QUE NECESITAMOS PARA SER BUENOS FILÓSOFOS
5. UNA VEZ CUBIERTA TODAS LAS NECESIDADES MATERIALES, HAY ALGO QUE TODO EL MUNDO NECESITA. ¿QUÉ?
6. AL FORMULARSE UNA PREGUNTA FILOSÓFICA, QUE LE RESULTA DE GRAN AYUDA PARA TENER UNA OPINIÓN.
7. PORQUE NOS ASEMEJAMOS AL CONEJO BLANCO QUE SACA EL MAGO DEL SOMBRERO DE COPA NEGRA.
8. PORQUE AL UNIVERSO LO PODEMOS COMPARAR CON EL CONEJO BLANCO
9. PORQUE EN CUESTIONES FILOSÓFICAS QUE A TODOS LOS SERES HUMANOS NOS CONCIERNE, NO TODOS PODEMOS SER FILÓSOFOS
11. QUE ES LO COMÚN ENTRE EL FILOSOFO Y EL NIÑO.
11. PORQUE EL NIÑO A MEDIDA QUE CRECE VA PERDIENDO
12. PORQUE NO SE ASOMBRA EL ADULTO.
13. PARA QUE SE QUIERE QUE RECIBA EL CURSO DE FILOSOFÍA
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